Archivos para junio, 2016

Llega por fin el final de curso. Ayer fue el último día de clase, así que hoy es el primer día que no se oyen los gritos y risas de los alumnos.

Para mí, personalmente, este ha sido un año muy importante por dos motivos: en primer lugar, porque me ha permitido superar un profunda crisis sobre mi labor educativa que atravesé el año pasado; en segundo lugar, porque supone el fin de un ciclo, el punto final de tres años fantásticos que me han servido para aprender un montón como profesor y para crecer como persona, gracias a mis compañeros y, sobre todo, a mis alumnos.

Me parece el momento ideal para reflexionar sobre qué cosas podemos aprender nosotros, los profes, para intentar hacerlo un poco mejor el curso que viene. Así que hoy quiero hablar de algo que considero fundamental en la educación, quizá el factor clave que hace que nuestra labor tenga éxito: conectar con los alumnos. En realidad, la expresión que mejor refleja lo que quiero decir sería “to engage the students”. En español, se suele hablar de “conectar” (como aquí o aquí) o incluso de “enamorar” (aquí). Os recomiendo echar un vistazo a todos estos enlaces.

Ahora que me marcho del cole, tanto alumnos como padres me han escrito para agradecerme mi trabajo. Por encima de todo, lo destacan y agradecen no es que les haya enseñado muchas matemáticas o inglés, sino que haya sido capaz de conectar con ellos. Extraigo aquí las palabras de mi alumno Rubén, ya que me parece que es difícil expresar mejor qué hace que un profesor pueda conectar con sus alumnos: “No te has limitado a dar una lección, sino que entre líneas, nos has enseñado muchas más cosas que inglés. De hecho, diría que el inglés es de las menos importantes. Hay una cosa que admiro mucho y es que siempre hayas sido capaz de ver a tus alumnos como personas a tu mismo nivel y no como simples peones incapaces de tener sus propias ideas. Nos has tratado con un respeto y una madurez que he visto pocas veces en todo el tiempo que llevo en el colegio […] Siempre desde una cercanía que muy pocas personas tienen con sus estudiantes. Y lo más importante y por lo que más agradecido estoy: siempre has sabido ver algo en mí que ni yo mismo soy capaz de ver. Desde el minuto uno, me has apoyado en todo lo que he hecho y siempre me has animado a aspirar a más”. Silvia, la madre de otro de mis alumnos, me escribió, entre otras cosas: “Sabes conectar con los alumnos. Un profesor, si motiva a un chaval, puede llegar a que sea casi más importante eso que la nota que saque.”

Para mí, desde luego, no hay ninguna duda de que Silvia tiene razón. Y no es sólo que motivar a un alumno sea más importante que la nota que pueda sacar, sino que es un factor clave para que tenga curiosidad por la disciplina que enseñas y sea él mismo el que se interese por explorar cosas relacionadas con dicha disciplina sin que tú se lo pidas.

Hay muchos educadores que explican con gran tino diversos trucos para conectar con los alumnos (puedes consultar los enlaces de más arriba). Entre ellos, siempre se destacan consejos muy importantes como: entrar con una sonrisa, hacer las clases divertidas, interesarse por sus gustos, reconocer sus logros, etc.

Hoy, sin embargo, quiero insistir en las cuatro premisas que menciona Rubén en su carta:

1) Ver a tus alumnos como personas a tu mismo nivel

2) Tratarlos con respeto y madurez

3) Ser cercano con ellos

4) Creer en ellos.

Todas ellas están, por supuesto, conectadas: sólo si uno ve a sus alumnos como personas capaces de razonar y tener buenas ideas será capaz de tratarlos con respeto. En cuanto a tratarlos con madurez, a mí personalmente me ayuda mucho tener en mente el “análisis transaccional” (AT, o como yo lo llamo, la teoría del PAN), que descubrí gracias al gran psicopedagogo Jorge Casesmeiro. Del AT ya os hablaré otro día, porque es un tema muy amplio y que merece una entrada aparte.

Ser más o menos cercano con los alumnos queda, por supuesto, a criterio de cada educador. A mí, personalmente, encontrar el equilibrio justo entre ser lo suficientemente cercano y impedir que confundan los roles de alumno-profesor me parece una de las tareas más difíciles.  Por último en nuestra lista estaría el creer en ellos. A muchos nos puede parecer obvio que si uno decide dedicarse a la docencia es porque cree en los niños y en su capacidad de hacer cosas valiosas. Sin embargo, cuando un alumno, como Rubén, encuentra tan extraordinario que un profesor vea algo en él como para expresárselo por escrito y agradecérselo es porque por el camino se ha encontrado con algunos educadores que no lo han hecho, que no han visto su valía. O, bien mirado, lo más probable es que sí la hayan visto, pero no se lo hayan sabido transmitir.

Entiendo que a veces los alumnos nos ponen difícil creer en ellos. Así ocurre, por ejemplo, cuando no hacen los deberes, no cumplen los plazos, no escuchan en clase, contestan de forma irrespetuosa, etc. Sin embargo, creo que nuestra labor, casi obligación, como educadores es seguir creyendo en ellos y, sobre todo, transmitiéndoles que creemos en ellos, a pesar de todo lo anterior. Y, desde luego, lo que creo que siempre debemos tener presente es que nuestros alumnos merecen respeto, aunque a veces ellos no se comporten adecuadamente (aquí es donde entra en juego la teoría del PAN, de la que prometo hablaros). Y algo está fallando cuando los alumnos destacan que les trates con madurez y respeto. ¿No debería ser este un punto de partida indispensable?

Espero vuestras opiniones y aportaciones. Me interesa mucho conocer vuestra experiencia, ya sea como alumnos, padres o profes.

Por último, como de costumbre, os dejo la canción del día. Esta vez es una de las canciones favoritas de una alumna mía. Gracias, Sara, por descubrirme esta canción.

Querida música – Capitán Mr.Litro & Nota